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martes, 6 de noviembre de 2012

Del reconocimiento y lo invisible

                        Tomado de

Como un acontecimiento especial y bien recibido, se presentó esta semana un reporte sobre una familia gitana de las pocas que buscan mantener su vida tradicional. En la noticia –producida por el tiempo-, vemos como la idea de progreso duro y rudo, afecta diariamente la vida de aquellos que son minoría, que son diferentes en la capital. Siendo una minoría muy marcada en términos numéricos -523 según el último censo[1]-, además de su particular vida clandestina, en parte por la persecución y segregación con la que han sido tratados, el reconocimiento cultural por parte de la ciudadanía e incluso del gobierno parece ser una idea que se desvanece.


A pesar de las leyes de protección que los amparan según la constitución, el rechazo cultural parece tocar con ellos día a día. Aunque no todo es negativo o infortunado para los gitanos en Bogotá. Tienen una oficina dispuesta para sus asuntos en el Instituto Distrital para la participación y Acción comunal. Esperamos más de estos pronunciamientos, que empiezan a darse como reacción de los Rom, como cultura en busca de un reconocimiento. Ojala y más voces se escuchen en torno al tema. Estaremos pendientes…

Y hablando de participación social, encontramos dos noticias que se refieren a los afros y a las negritudes colombianas, en las que se informa de 2 mil becas para educación y la existencia de colectivos estudiantiles que siendo pertenecientes a estas minorías, abordan los problemas propios que los afectan y trabajan por la participación integrada de esta población. Estos dos hechos en principio pueden parecer inconexos, pero al mirar más profundamente podríamos decir que se deben al fuerte trabajo gestionado por jóvenes como Álvaro –mencionado en el artículo 3-, que producen resultados como el de las becas, ofrecidas por un acuerdo entre el gobierno y el Icetex.

Esta es la “cara alegre” de la semana, dónde podemos ver un reconocimiento más coherente por parte del gobierno de Colombia como un país pluriétnico y diverso culturalmente hablando. Falta trabajo y tiempo para que la sociedad se comprenda de una manera más amplia, pero el camino que hasta ahora siguen grupos como los afros y los indígenas parece el indicado.

Siendo el tema de este articulo lo visible y lo invisible, tratamos ahora la noticia indígena, que esta semana trata sobre la colaboración desde Bogotá a los Nasa del Cauca, envueltos en el conflicto armado; así como la presentación de la agenda y los aspectos a tratar en el encuentro de este año de la asamblea de la ONIC. Este es uno de esos casos donde se ven más claramente los matices por los que pasan el reconocimiento, la noticia y la participación de una minoría en Bogotá.

La discreta divulgación del evento que se organiza para pedir alimentos apenas anunciado en Internet por la página web de Participación Humana Bogotá, demuestra la poca importancia que dan los medios a estas noticias, con lo que el común de la ciudadanía no podrá siquiera enterarse de la colaboración. Por otra parte un organismo bien organizado como la ONIC, una fuerte representación del conjunto de los pueblos indígenas frente al estado y la opinión general, promulga en un documento su interés por ofrecer una postura frente a temas transversales que afectan la nación como lo es el conflicto armado. A modo de conclusión y reflexión quisiéramos dejar una pregunta final sobre el artículo: ¿conoce usted los habitantes de su ciudad?

FUENTES


2)http://cms.onic.org.co/2012/08/4313/ Consultado el 30 de agosto de 2012, a las 11:50 a.m.




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